Untitled By Wilson Pinillos


Ahí estaba ella, con su imagen blanca y sonriente,con sus hermosos labios rojizos y color fresa,

Me miraba fijamente como si fuera la única persona en el mundo,

El mundo q habría creado para ella,
No sé si existe o existió, solo q era creado para ella,
Jamás ha vivido en él, jamás ha soñado q existe en ese mundo,
Pero ha sido para ella, no sabe q está fabricado en algodón,
Del algodón más puro
sacado de mi regazo para su hermosa cabeza,
Donde ha mecido su hermoso rostro tantas veces
que ya no lo recuerda,
Está fabricado de dulces de chocolate blanco,
sacado de los miles de besos en su tierna boca.
No sabe q es un secreto, pero siente que es su mundo sin decirlo,

Toma su vestido que rodea sus rodillas 
y lo recoge para sentarse a tomar un cálido momento, 
su cabello negro azabache y fuerte ondula con la brisa
Sonríe como solo ella sabe hacerlo,
pues un retrato de su infancia lo demuestra.

Sigiloso me acerco con la invisibilidad 
del viento pero cálido me acerco a su piel, 
paso lentamente y ella vibra por saber su sentir en su cuerpo.
Despierta y busca a su alrededor y deja de sonreír,
Tristemente me alejo sintiendo sus miedos,
Aquellos que celosamente guarda en sus memorias jamás contadas,
Aunque pagaría el alma por saber que soy el ultimo pensamiento en su almohada antes de soñar, 
por saber que el aroma de mi piel estuviera en ella 
para q jamás dejara de pensar en este mundo blanco y mágico,
Dejaría mi piel en la suya para que llevara mi calor junto a la suya.

Un suspiro quiebra la silenciosa escena, 
su alma efímera de mi mundo se aleja, 
distante aguardo en mí solapado escondite q ella no percibe.
Sus ojos se iluminan al mirar un objeto y levanta sus largas pestañas 
como principal arma de coquetería,
el suspiro es contagioso y me inunda el pensamiento, 
llena de melancolía el recuerdo
de sus bellos ojos mirando justo a los míos 
y dejando caer una sonrisa para lapidar mi pobre orgullo, 
para poder alejarme de ella,
igualmente perdido en la última lucha que perdí 
junto con todas las batallas dadas hasta a mí mismo.

El frío llena el recinto y un escurridizo gato 
atraviesa mi solemne momento,
Regresa su espíritu, fuerte como un León y placido
como un pequeño gato abandonado, 
su espíritu afila sus garras para un nuevo zarpazo, donde otra vez pondría el corazón sin ningún titubeo, Así como tantas veces herido por su belleza y su tacita voz gritando que desea quedarse.
Arrogante estira su cuello
y evidencia su sensible cuello, blanco y perfumado.
Como un encantador de serpientes me atrae y lo sigo, 
el aroma de su melena negra atrae y como silfo encantado quedo petrificado al encontrar su imagen, 
ya su imagen no es blanca es obnubilada y lejana, 
atravieso mis manos y como humo blanco se desvanece.
Doy vuelta y el mundo cambia de color,
retorno a la puerta de entrada y ahí está ella, 
con la única copia de la cerradura más difícil de abrir, 
siento como el viento se torna en un fuerte silbido, 
parece q aúllan los lobos de Alaska en mi caza, 
se siente un frío ártico y con su extraña sonrisa muestra su llave, aquella que mi cinto cargaba, 

Ladrona!! Grito sin salir un solo sonido de mi garganta, 
como en los angustiantes momentos de tu peor sueño, 
la calma se pierde y la luz se desvanece, 
puedo ver cómo sale con su blanco vestido, doy la carrera, 
doy la pelea no estoy perdido si recupero la llave, 
pero es tarde y desaparece con su imagen, 
el miedo inunda el tanque de los recuerdos y la melancolía flota 
y lo desborda mientras escurre como un aceite medieval, 
mis zapatos de piel no soportan el gélido momento 
y siento como asciende por todos mis poros 
y cierra el flujo de mi sangre, respiro entrecortadamente 
y aumenta mi ritmo cardiaco por mantenerme en pie, 
de mi bolsillo saco mi último cigarrillo y enciendo la última cerilla, 
el vaho congelado se mezcla con el humo del tabaco encendido, 
siento q se agota no el cigarrillo sino mi suspiro en cada inhalada, 
atraviesa mi mente el más hermoso recuerdo, 
por el q tanto luche con el q construí ese mundo, 
donde ella habitó hasta este momento,
el viento silba en mi rostro
y congela mis párpados, 
siento como se cristaliza mi cuerpo mientras mi corazón desesperado grita con dolor, 
demasiado dolor en este cuerpo, 
resta lo último en mi memoria ese bello recuerdo cuando de su boca se escapó por vez primera "te amo" y cae lentamente el quemado cigarrillo, 
emitiendo el ultimo soplo mis pulmones cesan
y descansan, la oscuridad cae 
y mi cuerpo cae dormido
y mi alma se aleja reclamando por su hasta ahora recipiente. 

La sangre se detiene y el corazón resta su último latido, 
mientras mi cerebro inicia su último pensamiento, 
y en acto de valor mi boca sonríe, 
y el cerebro descansa porque es su ultimo pensamiento por ella lo q deja en ese mundo, 
el alma se despega y rompe su hasta ahora oculto cordón de plata, 
atraviesa ansiosa la puerta y encuentra q en ese mundo dejo lo único q podía entregarle a ella, 
su cuerpo y su corazón.

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Maria Anohina Bajo El Lente de Alisa Verner

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