Las Gallinas Felices



Don Helvert tiene huevos, grandes, frescos, colorados, naturales y deliciosos. Hace poco le probé los huevos a Don Helvert y me parecieron los huevos más ricos que he tenido en mi boca, mi esposa también los probó y con gusto se deleitaba mientras ponía cada uno de los huevos en su boca, inclusive mi suegro se deleitó con los huevos de Don Helvert y después de probarle los huevos a don Helvert me enamore de sus huevos.

Desde hace algunos años decidí volverme vegetariano y posteriormente vegano, nunca lo hice por razones de salud, ya que de ser así, no bebería Coca-Cola o Cerveza, mis razones son 100% simpatía y respeto por los animales. Desde siempre dije que si hubiese una forma de consumir productos animales sin que estos sufriesen los haría sin ningún problema. Hoy gracias a los huevos de Don Helvert lo puedo hacer, puedo consumir huevos libres de sufrimiento y maltrato.

La historia es la siguiente, hace algunos meses mientras hacía mercado con mi esposa en la sección de huevos me abordó un señor quien decía que sus huevos eran 100% orgánicos y que sus gallinas eran libres y eran criadas con amor y respeto, según él sus gallinas eran “GALLINAS PONEDORAS FELICES”, me mostró unas imágenes, y me explicó una parte del proceso, ese día este señor me convenció y empecé a consumir sus huevos, pero al paso de un mes, me cuestione si esta supuesta felicidad de las gallinas era cierta, ¿Cómo podría yo saberlo sin conocer la granja?. Así que decidí no consumir más los huevos.

El mes pasado mientras mercaba un par de personas me aseguraron que ellos conocían a alguien que conocía la granja y la veracidad de las Gallinas Felices, entonces decidí llamar al dueño del negocio de las gallinas felices. El señor Helvert es el orgulloso propietario del “Autentico huevo de campo” y gustoso me invitó a ir a su granja para que corroborara la veracidad de la felicidad de sus gallinas.

En el corregimiento de la estrella yendo hacia Jamundí está ubicada la finca de Don Helvert, una finca pequeña con una casa en bareque un poco maltratada, con un cerco de palos y alambres. No hay guardias de seguridad, no hay puertas eléctricas, no hay un parqueadero, no hay que reportarse o dejar un documento en la entrada, no hay un cartel gigante avisando que estás en una fábrica avícola, no hay nada, nada de nada, nada, solo la pequeña cantidad de 900 gallinas que viven felices y como si fueran sus mascotas salen a recibir a Don Helvert mientras él les dice; “Gallinita, gallinita cutucutucutu”.

Debo ser honesto a Don Helvert no le preocupa, ni le interesa el cuento del veganismo, a él no le importan las etiquetas, por obvias razones a él le importa su negocio y por lo tanto le importa la felicidad y condiciones de trabajo de sus empleados, Don Helvert solo tiene un trabajador humano, su fuerza laboral está compuesta de 900 gallinas que a diario Cacarean de felicidad y curiosas como son ellas, caminan por toda la finca mientras picotean a los que entran en su territorio.

Hasta este día solo conocía el olor de un galpón en las grandes compañías avícolas, y aquellos que hayan tenido la oportunidad de ver uno, saben que el olor es inmundo y se escucha día y noche el gemido constante de las desesperación de estos seres que viven encerrados hasta morir en su propias heces. Hasta este día solo sabía que las gallinas ponedoras chillan, no sabía que las gallinas hablan y se comunican entre ellas armoniosamente, no sabía que los galpones no huelen a mierda de Gallina, los galpones huelen a tierra, a naturaleza, a abono, deberían oler a lo que huelen los galpones de Don Helvert, a Gallinas ponedoras felices.

Don Helvert quiere a sus Gallinas y las consiente y según él cuándo ellas se acercan él su olor a macho hacen que se inclinen, lo cual pude comprobar por mí mismo, las gallinas de Don Helvert se van a dormir a las 6:00 de la tarde cuando el sol se oculta y ellas solitas entran a sus galpones y se preparan para pasar la noche, al día siguiente al medio día Don Helvert les abre la puerta y ellas salen y en medio de su libertad, escarban, picotean, revuelan, hablan, pelean y se consienten entre ellas, y si Don Helvert se tarda tan solo 10 minutos en abrir la puerta, ellas muy envalentonadas le reclaman, le alegan, le pelean y hasta le mientan la madre, asi pasan sus días entre dormir, poner huevos, picotear, gallinear, hablar, correr y ser gallinas felices.

Las gallinas de Don Helvert no tienen químicos y con una agua panela con limón se les quita la gripa, algunas son agresivas y establecen su orden jerárquico y Don Helvert solo interviene para llevarlas al hospital, un pequeño galpón donde lleva a las gallinas enfermas o golpeadas, como dice Don Helvert ellas mismas tienen su sociedad, yo solo intervengo cuando veo que hay un riesgo mayor.

Entre este paraíso Gallinesco, entre esta sociedad Gallinuda, entre este mundo Gallinario, Don Helvert recoge 800 huevos diarios y los distribuye en los supermercados, y así Don Helvert pasa sus días de Gallinas Felices y aunque usted no me crea, yo lo vi con mis propios ojos, el negocio de las gallinas felices es una realidad y por favor no se confundan Don Helvert no es un campesinito, con unas gallinitas, que inspira pesar, Don Helvert es un empresario que vive en el mejor conjunto campestre de Jamundí, que tiene un negocio rentable y que mantiene felices a sus empleados, 900 gallinas que viven su vida de gallinas sin estar sometidas a nuestro ridículo especismo.


Contacto: 316 720 97 97 - 316 809 10 29
Finca El Paraiso - Vereda La Estrella - Jamundi - Valle - Colombia
Email: elautenticohuevodecampo@gmail.com

Evidencias:










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Maria Anohina Bajo El Lente de Alisa Verner

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