La última pesadilla de la princesa


Pasando la punta de los dedos sobre aquel metal frio, miraba la luna frente a ese poso de los deseos blanco, que en vez de monedas, necesitaba de galletas, chocolates y pasteles para funcionar… Abrió la llave de la ducha y miles de gotas de agua fría cayeron como un tiroteo sobre sus sueños.

Titubeó un poco sobre su decisión, ¿será capaz de hacerlo? Su cuerpo demacrado ni siquiera poseía energía suficiente para sostener la daga sobre su vientre…

¡Lo hará! Llevaba mucho tiempo pensándolo, su falta de fuerza física no era tanta comparada con su anhelo de libertad, libertada para abandonar la cárcel que había creado y de la que era su propio verdugo.

Sintió su rostro, acarició sus labios y una gota amarga se resbaló por su mejilla… Endureció el puñal entre sus manos y de un solo golpe lo clavó. Todo terminó.

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