La Cola Mas Grande De Colombia


Nunca antes había visto una así. Al verla no lo podía creer, casi lloro de la emoción, solo en la televisión se ven. Pero esta vez era en vivo y en directo y yo estaba allí, casi idiotizada al ver esa cola tan suculenta.
Aunque trataba de mirar hacia otro lado me era imposible al ver como se meneaba, como se contoneaba, se movía de un lado para otro, de aquí para allá, se contoneaba como para que todos supiéramos que ella estaba allí.



Cada vez que cada un paso estaba más cerca, cada vez podía verla mejor, desde donde estaba no podía ver el frente, pero para ser honesto no hacia falta, tan solo con ver esa cola era suficiente. Después de un rato de mirarla fijamente pude reconocerla, ya antes me habían hablado de ella, una vez un amigo me dijo que había estado frente una cola tan grande, que no se pudo contener y al verla había empezado a gritar vulgaridades y obscenidades. Me dijo que la reconocería, porque era una cola redondita y muy bien formada, se veía que era el resultado de un trabajo de años y años. También me dijo que en donde la viese la gente iba a estar gritándole cosas. Hasta ayer creía que era un mito urbano, pero hoy doy fe que es cierto y al igual que mi amigo es una visión que no puedo borrar de mi mente.

Al pasar la primera hora la cola era aun agradable a la vista, la veíamos, nos reíamos, inclusive la pudimos tocar. Para la segunda hora la cola aun era novedad y ella consciente de ello se movía mostrando sus atributos, en la tercera hora algunos ya empezaban a criticar la cola aunque yo no yo seguía admirando esa hermosura, a la cuarta hora ya estaba un poco cansado de la cola pero aun la admiraba, a la quinta hora aunque no me quería mover tuve que irme a almorzar, me perdí la cola por media hora, a la sexta hora ya la cola no me parecía novedad y la deje de mirar, a la séptima hora la cola ya me causaba malestar, pues estaba ahí, no se inmutaba, no se movía era un bulto que me bloqueaba, a la octava hora ya no pude mas empecé a llamarla haber si se movía o me daba la cara, o me miraba por lo menos, a la novena hora ya no hubo quien me contuviera y finalmente comprendí a mi amigo, empecé a gritar “ole, ole movete, que no tenemos todo el día” y después de estas palabras el pueblo se alboroto y la cola perdió se bella forma redondita y es que no hay cola que aguante más de ocho horas esperando por un verraco turno, claro como lo decía mi amigo esta cola era el resultado de años y años de trabajo de empleados inútiles que tan solo pierden el tiempo y no trabajan. Finalmente, luego de diez horas, del alboroto del pueblo y de mi gritería me toco y lo que más rabia me dio fue que me atendieron en dos minutos,,, es decir que espere diez horas de mi vida para dos minutos y un papel.

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Maria Anohina Bajo El Lente de Alisa Verner

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