Las Consecuencias de ser como Vicente


Ha de saber el lector que este escrito no es más que una introspección, un conjunto de palabras creadas desde lo más subjetivo de mi ser, desde lo más egocéntrico que habita en mi interior, es tan solo una secuencia de frases que relata un estado propio y enteramente mío. Es por esto que estas palabras no pretenden agradar y mucho menos disgustar, no esperan ser leídas, pues saben que el lector en algún momento podría aburrirse y no encontrara más que una visión de lo que pasa en este momento por mi cabeza.

Hace ya algunos días que la depresión ronda mi hábitat y es que luego de una serie de eventos desafortunados, me he enterado de algunas cosas que no quiero, o que simplemente no esperaba, y es que creo que finalmente el nihilismo que durante toda mi vida he expresado por fin está teniendo sus consecuencias. Creo que esa manera de llevar la vida sin importar lo que viniese o lo que fuese por fin me está afectando, luego de analizar las cosas que he hecho en mi vida, me he dado cuenta que tan solo he hecho una cosa con plena conciencia de lo que hacía, MI MATRIMONIO, y es que el resto de las cosas las hice como Vicente, donde va la gente, como si la corriente me llevase a cualquier lugar.

En alguna ocasión alguien me dijo que yo era un "Importaculista" ya que todo me importaba un Culo y en ese momento tenía razón. El dilema en el que me encuentro es que ya no quiero ser Importaculista; Aunque estoy completamente seguro de ser Nihilista pues creo firmemente que "el mundo, y en especial la existencia humana, no posee de manera objetiva ningún significado, propósito, verdad comprensible o valor esencial superior, por lo que no nos debemos a éstos." (Wikipedia). Creo firmemente que la vida no tiene nada grandioso que ofrecerme y que nada en la vida recompensara todo el sufrimiento, penas y angustias que debemos pasar, creo que en la vida solo mi familia; mi esposa, mi descendencia lograrán un impacto tal en mi que en ese momento creeré que ha valido la pena estar aquí.


Volviendo a mi dilema luego de una semana de cansancio por lo que hago y lo que estudio me di cuenta de las consecuencias de haber sido como Vicente en algún momento de mi vida, no es que odie mi trabajo o deteste lo que estudio, solo que no me satisface. No sé si sea el lugar donde lo hago o la gente con la que lo hago, solo sé que no me satisface. No negare que por momentos esporádicos me siento feliz en mi trabajo pero debo reconocer que toda la alegría proviene de un pequeño ser del que estoy enteramente enamorado y no de mi trabajo per se.


En mis años de Vicente nunca me preocupe por lo que debía hacer o lo que debía tener solo pensaba en estar allí, no sé donde, pero allí. La carrera que estudie la primera vez, fue por el hecho de que estaba allí, al alcance y porque se me hacía muy fácil, así fue como me hice licenciado en Lenguas Modernas, mas nunca fue lo que me apasiono. Mi primer trabajo serio tampoco fue lo que quería, nuevamente fue lo que estaba allí, en ese momento fui auxiliar administrativo, lo cual me mato el espíritu durante dos años, ahora soy Docente de grado tercero y Bachillerato y de no ser por este pequeño ser del que les cuento, estaría totalmente aburrido.


No puedo negar que la vida tiene cosas que me dan alegría momentánea y pasajera, pero me es imposible el no cuestionarme si estos momentos pasajeros compensan los muchos momentos de tristeza y desastre por los cual debemos pasar para llegar a esos mínimos instantes de alegría. Hasta el día de hoy mi filosofía para vivir era "que la vida me traiga lo que quiera, que aquí estoy yo", pero hoy me pregunto hasta cuando voy a hacerle frente a la vida o a la hartera habitual por el no estar haciendo lo que quiero hacer, ¿cuándo voy a vivir una suntuosa felicidad? en la que los instantes o momentos sean de tristeza y la mayor parte del tiempo sea alegría.

Como he dicho muchas veces todo lo que me pasa es culpa mía y de aquellos días de vivir como Vicente. No pretendo cuestionar, o generar alguna actitud y en mis palabras no hay verdad absoluta, así como hoy cuestiono mis días de Vicente, mañana podría decir que fueron los mejores días de mi vida. Debe recordar usted señor lector que desde el principio se le advirtió sobre el carácter subjetivo de este escrito, es por eso que lo anterior no debe ser tomado como una definición de lo que soy, mas si como un estado por el cual atravieso. Podría decirse que durante este escrito lo único que hice fue quejarme; es cierto. Seguramente se esperaba una conclusión a lo escrito, o por lo menos una actitud en la cual demostrara un cambio frente al estado de aburrimiento, debo decir sinceramente que yo también lo esperaba, pero tristemente aun no le encuentro. Es decir, mis días de Vicente aun no han terminado y en la total incertidumbre debo seguir esperando como un autómata, esperando ¿qué?, no sé, solo sé que debo seguir esperando y tal vez algún día publique un escrito que se llame "Adiós, querido Vicente”.

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