El Minino Abrumado



Un minino prófugo se asoma en mi terraza y en sus pequeños, dulces y húmedos ojos logro ver el destello que irradian solo los seres que han encontrado alguien tan hermoso a sus ojos que el reflejo de sus deseos delinean en su alma el anhelo de poder entregarse por completo a ese ser que han decidido amar.

Un pequeño gato prófugo que huye de ese sentimiento que lo abruma y no sabe explicarse que es, pues es muy joven para comprender los misterios de la vida, no comprende ese sentimiento que empieza en sus pequeños ojos con una imagen, continua en su húmeda nariz con un aroma tan intenso que desfila por cada uno de sus aun no formados blancos bigotitos, y se desliza hasta su boca donde los besos le han generado un sabor tan penetrante que se resguarda en sus pequeños colmillos y en su lengua perdura por días cada vez que recibe ese beso que desea.

El sentimiento ha caído por cada uno de sus pelos y se ha erizado tanto que no comprende, finalmente, veo como rendido a este sentimiento se desploma en el piso y sus ojos caen en orbitas incomprensibles para aquellos que no sienten lo que mi gato siente.

Un gato prófugo que se ha desplomado en el piso ahora me mira y sus ojos me interrogan, me exigen, me demandan y me imploran que le explique que es aquello que le perturba, tristemente miro a mi gato negro prófugo y asintiendo mi cabeza le indico una negativa, aunque no hablamos, mi gato comprende que debe descifrarlo por si mismo.

Ahora un gato negro, prófugo me habla, me dice, me cuenta y yo escucho:
Mis orejas en sus puntitas se congelan
Mis pequeños ojos se desvanecen
Mi narizita se hela
Mis bigotes se caen
Mi boca se seca por completo
Mi garganta se ahoga
Mis pelos se erizan
Las almohadillas de mis patitas no sienten
Y mi cola no responde
Solo se que esto pasa cuando su destello llega a mis ojos

En las noches le veo y cada vez que sucede no duermo para estar con ella, cuando no le encuentro divago sin dormir y me pregunto porque me ha abandonado.
Anoche busque por ella en cada rincón, mis patitas no podían sostenerme y caí al piso con la mirada fija al cielo, llore y entendí que la niebla era muy espesa, mi pequeño cuello dolió durante toda la noche.
Hoy no le he visto, he hablado con su hermano y no me ha respondido, es por eso que estoy aquí para que me consueles porque ella no ha venido esta noche.

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Maria Anohina Bajo El Lente de Alisa Verner

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